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Gabo y el vallenato

Por: Mario Chavarro

Muy conocido fue el apego amoroso que nuestro egregio escritor Gabriel García Márquez profesaba hacia la música vallenata clásica, aunado aesa amistad que mantuvo con losrapsodas del acordeón, aspectos que lo llevaron a organizar en su natal Aracataca el primer Festival Vallenato de que se tenga noticia en Colombia, por allá en 1966, después de permanecer 10 años fuera del país y regresar con la excusa de asistir a la presentación de la película Tiempo de Morir de la cual fue guionista.

Por ende, no resultó sorpresivo que hubiera preferido a los Hermanos Zuleta para que mostraran su solvencia folclórica en la ceremonia de entrega del premio Nobel que le fue otorgado en 1982; tampoco que luego dijera – contando ya con pleno reconocimiento literario- que Cien Años de Soledad (su obra cumbre) en realidad era un vallenato de 400 páginas; que más adelante, en El Amor en los Tiempos del Cólera, matizara (como antesala de su narración) el verso más hermoso de la sobresaliente canción  del Maestro Leandro Díaz, que evocamos de memoria: En adelanto van esos lugares: ya tienen su diosa coronada; y que, finalmente, la inhumación de sus cenizas en Cartagena de Indias se hiciera bajo el influjo de música de acordeón.

Esa compenetración musical no fue flor de un día, ni mucho menos, pues, desde sus inicios en el periodismo y en las letras, Gabo defendió a capa y espada su arraigo costeño.

Fue así como osadamente en el mes de mayo de 1948, enfrentando los aires de bolero, vals, chachachá, mambo y danzón (que  se ofrecían de trasfondo en los bailes de salón de la época) publicó una nota en El Universal de Cartagena en donde anticipaba lo transcendente que sería en el futuro, aquel instrumento menospreciado en esos días: el acordeón.

No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento, decía, para luego profundizar en sus orígenes de ultramar y pasar acalificarlo denostálgico, proletario, bohemio, disipado y vagabundo decente, concluyendoque el acordeón verdadero es el que ha tomado carta de nacionalidad entre nosotros y se ha incorporado a los elementos del folclor colombiano al lado de las gaitas, los millos y las tamboras costeñas, invocando a los juglares como aquellos quellevan su caliente mensaje de poesía de ribera en ribera, conesanota mágica que brotadel fuelle, el diapasón y laslaminillasmetálicas en forma de lenguas humanas, elementosque,unidos y ejecutados en dos teclados por un buen acordeonero,setransmutanenpitos ybajos acústicamente ensoñadores.

Pero como los enemigos del acordeónaún subsisten,a pesar de los años y del éxito logrado por esos bellos cantos, mi nota también tiene unaintención pura de defensa de los mismos aires tradicionales vallenatos, que en su momento defendió Gabo en aquél lejano 1948.

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