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Remolino se reconstruye luego de la guerra

Elmira Gutierrez era indiferente al atroz baño de sangre que vivía su pueblo. Escuchaba rumores sobre personas que entraban a las casas y mataban sin decir ni una palabra, pero sobre aquello pensaba que solo eran chismes  que se esparcían por vecinas mentirosas.

Una noche cualquiera miembros de la guerrilla asesinaron a su hija mayor, arrebatándole a la consentida de su hogar y haciéndola estrellarse con la trágica realidad que vivió Remolino, Magdalena durante 2000-2002, época marcada por el conflicto armado.

”Llegaron en la noche y la mataron ahí mismo en la terraza sin decir nada. En la madrugada la encontró otro hijo mío y fue a contarme lo que vio pero ya no había nada que hacer”, contó Gutierrez.

No supo a ciencia cierta quienes fueron ni la razón del asesinato. Su hija fue solo otro objetivo, otra víctima,  otro golpe en el corazón de ese polvoriento pueblo del Magdalena.

”Crei que eran policías las que la habían ido a buscar. Me duele mucho que ella no esté (suspira). Yo creo que me enfermó tanto porque ella no está”, aseguró Elmira, de 67 años.

De acuerdo a estadísticas de la Unidad de Atención y Reparación de Víctimas, un total de total 7.392.679 personas han sido afectadas por el conflicto armado a nivel nacional, de ellas 438.978 pertenecen al Magdalena.

Sobre el papel, Remolino es igual a la mayoría de los pueblos de la Costa: pobres, sesgados por la corrupción, con un precario sistema de acueducto y una triste iglesia central que tienen como bandera. No se entiende el por qué la guerrilla se adueño de aquellas tierras para hundirlas más en su sufrimiento.

Aquel conflicto hizo que cientos de familia abandonaran su hogar. Unas por miedo y otras por la pérdida de un ser querido en sus manos. Otros más por el escapar de la cruda imagen de ver morir a vecinos en la plaza del pueblo. Tras la intervención del Gobierno, poco a poco los habitantes de Remolino decidieron volver al pasado que “dejaron atrás”.

Hoy, un total de 110 familias de 250 han retornado a Remolinos. Carlos Julio Diaz, otra víctima, siente que no es lo mismo estar en lo que era su hogar. Su casa aún guarda agujeros que crearon despiadados años atrás y su corazón el vacío de la muerte de sus seres más queridos.

“El Gobierno no nos ayudó cuando lo necesitábamos. Yo volví pero ya no es lo mismo, antes tenía mi negocio cultivando y me iba bien”, cuenta.

A Carlos, hoy un hombre que el peso de los años se nota en las arrugas de su cara, la guerrilla le mató a un hermano. Sobre esos años poco quiere saber. El miedo aún lo tiene latente y espera que la situación no vuelva a ocurrir.

” uno no dormía bien. Todas las noches era con el miedo que lo mataran a uno. A algunos de los llevaban por el lado del acueducto y a otros los mataban en la plaza. Ahora es tratar de salir adelante y dejar eso atrás”, expresa Díaz.

Jaime Oyaga, director nacional de unidad de restitución de tierras, asegura que el Gobierno hace todo lo posible por la reparación integral de las víctimas. Cree que las garantías para que vuelvan las personas están garantizadas aunque el miedo exista en algunos pueblos.

“En el Magdalena hemos restituido a gran parte de la población y los estamos ayudando a que se recuperen de esa época difícil. Creemos que para este año un total de 250 personas de Remolino y Santa Rita estarán acobijadas por el proceso y constantemente hacemos reuniones con ellos para escuchar sus peticiones”, señaló Oyaga.

Doña Elmira cree que cualquier acción de nada sirve en la actualidad. Para ella el daño ya está hecho y será difícil olvidar esa situación.

Muchas de las víctimas de Remolino perdieron olvidar el tema y no hablar de aquellos tiempos. Creen que recordar esas épocas es revivir heridas y lo mejor es perdonar.

“Abramos el corazón, mejoremos nuestra región y perdonemos a aquellos que nos hicieron daño”‘ finalizó forma de poesía un campesino de la región de la urt en el Magdalena.

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