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VENECIA, LA GRAN BELLEZA DE LA BIENAL

Venice, Italy - May 18, 2017: Giant hands rise from the water of the Grand Canal to support the building. This powerful report on climate change from the artist Lorenzo Quinn.

Por aquí han pasado desde hace siglos los amantes de lo bello: Casanova, Lord Byron, Hemingway, Warhol, solo por mencionar algunos. Los invoco, ahora que soy yo quien se abre paso entre la multitud con el objetivo de disfrutar el arte en Venecia.

La historia de la Biennale comenzó en 1895, con el objetivo de transformar las reuniones nocturnas de los artistas en el Caffè Florian —el más antiguo del mundo y epicentro cultural europeo— en una prestigiosa exposición internacional. Los pabellones nacionales aparecieron primero en los Giardini della Biennale; hoy son 32 y casi todos siguen iguales al día en el que fueron inaugurados.

El de Estados Unidos es una réplica de la Casa Blanca, y guarda la obra de Mark Bradford: una gigantesca escultura de papel que cuelga del techo. El interior del pabellón de Alemania, favorito de muchos, fue completamente modificado para alojar la performance de Anne Imhof, que se desarrolla sobre un escenario de vidrio, donde el público se mezcla con los actores. Mi favorito es el de Corea, que transporta a sus visitantes a las calles de Asia, donde la tensión entre modernidad y tradición se traduce en las luces de neón de Cody Choi con su Venetian Rhapsody.

Golden Tower de James Lee Byars

 

Fuera de los jardines, en los estrechos callejones del barrio Castello, sin ningún aviso, tropiezo con la espectacular Porta Magna, entrada principal del Arsenal. Desde 1980, allí, el arte se mimetiza con las plataformas de madera y aros de hierro oxidado donde se amarraban los barcos.

De las obras expuestas en Viva Arte Viva (como se bautizó esta edición de la Bienal, ya que cada una tiene un nombre o lema), solo algunas armonizan con la estructura. Este es el caso de Um Sagrado Lugar de Ernesto Neto, pieza inspirada en el lugar espiritual de una tribu indígena de Brasil. Sus fibras intrincadas nacen de las vigas y se entierran como raíces en la sólida piedra (foto en la siguiente página). Dentro de esta especie de resguardo, pareciera que los espectadores estuvieran en un trance: un joven toca un tambor, otro medita, un niño mira hacia afuera y le dice a su madre que allí dentro nadie lo puede ver.

Venetian Rhapsody de Cody Choi

Afuera del Arsenal el sol se pone y hace brillar las esferas de piedra de la obra de Alicja Kwade, Pars pro Toto. Sus esculturas y el sonido del viento transportan a los espectadores a la infinidad del universo, rodeados por planetas artificiales y un mar azul de fondo. Antes de salir, un grupo de visitantes, sentados en el pasto, permanecen inmersos en la obra sonora de Hassan Khan, Composition for a public park. En los pequeños parlantes se sobreponen los sonidos compuestos por el ganador del premio León de plata de esta edición.

Tomorrow is Another Day de Mark Bradford

 

El arte incontenible

 Desde hace años, los espacios de los Giardini y el Arsenal se quedaron cortos, y ahora las obras se asoman por las grietas de la ciudad y fachadas de los edificios. Aunque la premisa inicial de la Biennale era limitar un espacio para el arte, en una ciudad en la que la belleza se manifiesta por doquier, resulta imposible.

A bordo de un vaporetto por el Gran Canal, en frente del Campo San Vio, aparece la Golden Tower, un enorme poste dorado. Oigo suspiros, alguien pregunta en voz alta: “¿Qué demonios estoy viendo?”; otros ríen sorprendidos. La brillante pieza de casi 20 metros de altura, concebida en 1976 por James Lee Byars, nunca había estado expuesta a escala completa en un espacio público, y ahora hace parte del paisaje, contrastando con las cúpulas azules de la plaza San Marco (foto arriba).

Um Sagrado Lugar de Ernesto Neto

Más adelante, por las ventanas del bote, se ven unas gigantescas manos que emergen del agua y se posan sobre un palazzo a las orillas del canal. Se me hace un nudo en el estómago al ver la obra Support, de Lorenzo Quinn en el hotel Ca’ Sagredo, palazzo del siglo XV declarado Monumento Nacional que aún conserva la belleza intacta de una antigua residencia noble. Se trata, además, del primer edificio en formar parte de la obra.

Bajo en la estación más cercana y un estrecho camino lleva a la parte de atrás del hotel, donde las colosales manos me cubren. El mensaje de la obra de Quinn es claro: “Venecia es una ciudad artística que ha inspirado cultura durante siglos, pero para seguir haciéndolo necesita el apoyo de nuestra generación… porque está amenazada por el cambio climático y la decadencia del tiempo”.

Doy una última mirada atrás: al otro lado del canal, una multitud admira la obra y la retrata desesperadamente. El tiempo de la Biennale está llegando a su fin y, en un par de meses, en los Giardini, el Arsenal y el Gran Canal solo quedará el vacío que deja la belleza cuando no está más. Parto con el corazón tranquilo y encuentro consuelo en saber que mientras exista Venecia, existirá el arte.

Fuente: @sirluisalfonso

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