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¡Que no muera la tradición!

Por: Liney Escorcia
Cada año que pasa, el amor por el carnaval en los más pequeños aumenta de manera incontrolable, pues buena parte lo hacen por la tradición de seguir los pasos de los más grandes, en su mayoría familiares, generaciones que han fortalecido con su riqueza cultural la máxima fiesta de la Costa Caribe.
Y es que para danzar y portar un vestido o disfraz insigne o no del Carnaval no se requiere mayor riqueza, sólo una alta dosis de alegría, el gen del goce y el resto, como dirían popularmente es cuestión de carpintería, porque es algo que muchos aseguran va en la sangre y contra eso nadie puede.
Muchos niños de los que alegran esta fiesta siempre un domingo antes del Carnaval en pleno, nacieron, crecieron entre el agite de las carnestolendas, incluso algunos hasta fueron concebidos en plena gozadera, de allí que este sentimiento por nuestra fiesta esté tan arraigado.
Hoy son muchos los grupos, comparsas, escuelas, agrupaciones, que permanecen fieles como guardianes de la tradición y en especial aquellos que siguen los pasos de las danzas tradicionales como es el caso de la cumbia, el garabato, el paloteo, los diablos arlequines, la danza del gusano, los congos, las marimondas, los coyongos, los que sin duda aumentan sus fuerzas cada año para preservar lo que realza el Carnaval de Barranquilla.
Son los pequeños guardianes del Carnaval, sí, aquellos que mantienen viva la llama de ese amor, por una manifestación cultural no sólo del barranquillero de esencia, sino de todo aquél nativo del Caribe Colombiano.
Y es que para muchos de estos colectivos artísticos ser protagonista del Carnaval de Barranquilla tiene un alto costo de esfuerzo, sacrificio, voluntad y perseverancia para no dejar morir lo nuestro, lo que le ha dado identidad a esta fiesta en el mundo y prueba de ello, el haber obtenido la declaratoria de Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Varios de esos grupos danzantes que alegran el desfile del Carnaval de los Niños, se mantienen firmes como píoneros de este recorrido que cada año aumenta, en el caso de este 2018, 6 mil niños integrantes de 207 grupos folclóricos de Barranquilla, municipios del departamento del Atlántico, Bayunca, Calamar (Bolívar), Santa Marta y El Banco (Magdalena) y Corozal (Sucre) se convirtieron en la mejor corte real que tuvieron los reyes Shadya Londoño y Samuel Martínez.
El legado
En la antesala del Carnaval es común ver en sectores populares donde la herencia cultural ha dejado huellas imborrables, preparándose para salir a escena, mejorando sus vestidos, perfeccionándolos, porque la consigna es subir a otro nivel, pero allí firmes salvaguardando lo nuestro.
En el caso de los congos, en sectores de Rebolo y Las Nieves de manera especial, la mayoría  de los pequeños que hoy exhiben con orgullo su atuendo, traen consigo el gen carnavalero desde sus bisabuelos, inculcando en ellos el deseo y compromiso de seguir cuidando la tradición.
Pero hoy, los disfraces también crecen vertiginosamente es el caso de los mohicanos, los gorilas, las marimondas, las negritas puloy, entre otros, quienes fortalecen feudo cultural en cada una de las localidades que conforman el Distrito de Barranquilla, aportan su grano de arena, para defender su arraigo, su identidad como guardianes de un Carnaval que desborda pasiones cada inicio de año.
Para Oscar Ríos, un pequeñín de tan sólo 8 años, el Carnaval es su ilusión de cada año, no en vano, él hace parte de la cuarta generación de su familia cumbiambera y aunque su vestido no lleva lentejuelas, ni plumas, ni pesados accesorios, para el su sombrero vueltiao es el tesoro que cuida celosamente, pues con ese sacude sus buenas energías, para con un sonoro güepa seducir a propios y extraños durante 4 largos y agitados días de intenso goce.
Pero  los garabatos no se quedan atrás, son ellos los que sobresalen desde sus coches vestidos acorde a la importante ocasión y sin importar el inclmente sol, se hacen notar, quizá queriendo decir, aquí vamos, somos los nuevos guardianes del Carnaval, los herederos de una envidiable riqueza cultural, los responsables, que la tradición por el Carnaval nunca muera!
 
Los niños más que protagonistas del Carnaval de Barranquilla, son su esencia, los celosos guardianes de la tradición, del sentir del nativo de esta tierrra, esa misma que retumba al son de tambores, llamadores, flautas y menequeos de anchas y pesadas polleras.
Este año más de 6 mil niños alegraron el tradicional desfile del Carnaval de los Niños, en su mayoría, seguidores de los pasos de sus ancestros en la manifestación cultural más importante que tiene el Caribe Colombiano.
Fotos Harold Pérez

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